La última palabra
La última palabra
Un micro relato sobre la opinión, el silencio y lo que llega demasiado tarde
La discusión empezó por algo mínimo.
Una frase, mal dicha o mal entendida.
Ya nadie recordaba cuál.
Él sostuvo su opinión como si fuera una verdad.
Ella intentó explicar, una vez… dos… después calló.
—No estás escuchando —dijo ella, sin levantar la voz.
—Estoy entendiendo perfectamente —respondió él, con firmeza.
Pero no era cierto.
Con el tiempo, las conversaciones se volvieron más cortas.
Las miradas, más distantes.
Las palabras… más cuidadosas, como si cada una pudiera romper algo.
Y un día, simplemente, dejaron de decirse.
No hubo gritos.
No hubo despedida.
Solo un silencio largo, definitivo.
Pasaron los años.
Una tarde cualquiera, ordenando papeles viejos,
él encontró una carta que nunca había leído.
Era de ella.
No discutía.
No acusaba.
Solo decía:
“No necesitaba que estuvieras de acuerdo…
solo que me entendieras.”
Él se quedó sentado, inmóvil,
con la carta entre las manos.
Y por primera vez,
su opinión ya no le pareció tan importante.
¿Cuántas veces defendemos una opinión…
y dejamos de escuchar a quien tenemos enfrente?
Te leo en los comentarios.



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