Crónicas de la Alimentación- Capítulo 8 : Lo que el Fuego no Olvida
Capítulo 8: Lo que el fuego no olvida
Serie: “Yo Cocino, Luego Existo – Crónica de la Alimentación Humana”
Por Mateo
He vivido lo suficiente como para ver pasar modas, dictaduras, hornos eléctricos, influencers veganos y ollas de teflón.
He visto cerrar pulperías, abrir supermercados y transformarse los platos en fotos antes que en bocados.
Y sin embargo… cada vez que alguien pela una cebolla y la pone a dorar con aceite, algo vuelve a empezar.
He cocinado para ricos y pobres. Para enfermos, para enamorados, para presos, para huérfanos.
He cocinado en casas y en calles, con receta y sin receta.
Y lo que aprendí es que la comida no es solo sustancia: es sustento.
Sostén de cuerpos, sí. Pero también de vínculos, de ideas, de causas, de duelos.
El fuego no olvida.
Guarda la memoria de las manos que removieron la olla, de las miradas que esperaron en la mesa, de los silencios que acompañaron los platos.
Quizás cocinar sea el arte más humilde de todos. Se hace, se da y desaparece.
Pero el alma, esa no queda igual.
Una mujer en las montañas me enseñó a preparar un queso con leche recién ordeñada.
Un niño en el Chaco me mostró cómo se envuelven humitas.
Una monja en el sur me explicó que, al servir sopa, uno puede pedir perdón sin hablar.
Cada plato tiene su origen, pero no tiene dueño.
Por eso, cocinar es también un acto de comunión: entre generaciones, entre culturas, entre quienes ya no están y quienes aún llegan.
Me preguntan si tengo una última receta para dejarles.
Les digo que sí:
- Tomen lo que tengan.
- Súmenle tiempo, y no lo apuren.
- Pónganle su historia.
- Y antes de servir… agradezcan.
Porque cocinar no es un oficio. Es una forma de estar en el mundo.
Y mientras haya quien prenda el fuego, nunca estaremos del todo solos.
Receta Ancestral de Cierre: “Pan de los Abrazos”
Inspiración: Últimos panes compartidos, elaborados en comunidad para rituales de despedida, encuentros o agradecimiento. Un pan simple, trenzado, que se sirve en el centro de la mesa para ser partido entre manos amigas.
Ingredientes:
- 500 g de harina (puede mezclarse integral y blanca)
- 300 ml de agua tibia
- 15 g de levadura fresca o 5 g de seca
- 1 cdita de sal
- 1 cda de miel o azúcar mascabo
- 2 cda de aceite
Preparación:
- Disolver la levadura con la miel en parte del agua tibia. Dejar espumar.
- Mezclar con la harina, el resto del agua, la sal y el aceite hasta formar una masa blanda.
- Amasar al menos 10 minutos y dejar levar en lugar cálido por 1 hora.
- Desgasificar y formar una trenza o círculo. Dejar levar otra vez.
- Hornear a 180°C hasta dorar.
- Servir al centro de la mesa, para compartir entre todos.
Nota de Mateo: “A veces no hay que decir nada. Solo cortar el pan con las manos, pasarlo al otro y mirarlo a los ojos.”




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